Anne, la de los tejados verdes

Anne, la de los tejados verdes

Lucy Maud Montgomery

Language:

Pages: 209

ISBN: 2:00364479

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


“La más dulce recreación de la niñez que se haya escrito.” Mark Twain Anne, la de Tejados Verdes es un clásico de la literatura juvenil, leído por muchas generaciones. Su autora, así como Louise May Alcott con Mujercitas o Lewis Carroll con Alicia en el país de las maravillas, ha creado un universo teñido de lirismo y encanto en el que la infancia brilla como protagonista. Una huérfana pelirroja, pecosa y soñadora se halla internada en un hospicio. Dos hermanos solterones, Marilla y Matthew, deciden adoptarla y llevarla a su granja, Tejados Verdes. Al principio aparece una cadena de obstáculos y rivalidades que Anne, con su chispa, buena voluntad y carácter, que se volverá inconfundible a lo largo de la saga, sortea con inocencia y sensibilidad. Con destreza literaria, Lucy M. Montgomery teje con fineza y humor la trama de la convivencia diaria en un pueblo al que la fantasía de una niña convierte en un universo encantado. En esta primera entrega, la imaginación alocada de Anne cambia para siempre la vida de los habitantes de una pequeña aldea situada en una remota región de Canadá. “La más dulce recreación de la niñez que se haya escrito.” Mark Twain Anne, la de Tejados Verdes es un clásico de la literatura juvenil, leído por muchas generaciones. Su autora, así como Louise May Alcott con Mujercitas o Lewis Carroll con Alicia en el país de las maravillas, ha creado un universo teñido de lirismo y encanto en el que la infancia brilla como protagonista. Una huérfana pelirroja, pecosa y soñadora se halla internada en un hospicio. Dos hermanos solterones, Marilla y Matthew, deciden adoptarla y llevarla a su granja, Tejados Verdes. Al principio aparece una cadena de obstáculos y rivalidades que Anne, con su chispa, buena voluntad y carácter, que se volverá inconfundible a lo largo de la saga, sortea con inocencia y sensibilidad. Con destreza literaria, Lucy M. Montgomery teje con fineza y humor la trama de la convivencia diaria en un pueblo al que la fantasía de una niña convierte en un universo encantado. En esta primera entrega, la imaginación alocada de Anne cambia para siempre la vida de los habitantes de una pequeña aldea situada en una remota región de Canadá.

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horrible. —Quien hace cosas hermosas es hermoso —dijo Marilla. —Eso me lo han dicho antes, pero tengo mis dudas al respecto —comenzó escéptica Anne, oliendo los narcisos—. �Oh, son lindas estas flores! La señora Lynde fue muy buena al dármelas. No tengo resentimientos. Pedir disculpas y ser perdonada produce una hermosa sensación, �no es así? �No están brillantes las estrellas esta noche? �Si usted pudiera vivir en una estrella, cuál elegiría? A mí me gustaría esa grande que está allí lejos,

Diana se puso terriblemente mal y tuvo que irse a casa. La señora Barry le dijo a la señora Lynde que estaba borracha. Se rio como una tonta cuando su madre le preguntó qué le pasaba y durmió muchas horas. Su madre olió el aliento y dijo que estaba beoda. Ayer tuvo un terrible dolor de cabeza durante todo el día. La señora Barry está indignada. Nunca creerá otra cosa excepto que lo hice a propósito. —Creo que mejor debiera castigar a Diana por haber bebido esas tres copas. Tres de esas copas

camino hasta sus casas. Carrie Sloane continuó repitiendo durante unos minutos �Ha llegado el momento de separarnos», y eso nos hacía empezar de nuevo cada vez que corríamos el peligro de levantar el ánimo. Me sentí mortalmente triste, Marilla. Pero una no puede sentirse sepultada del todo en los abismos de la desesperación teniendo por delante dos meses de vacaciones, �no es cierto? Y además, nos encontramos con el nuevo ministro y su esposa, que venían de la estación. A pesar de estar tan

ni siquiera eran capaces de hacer bien lo poco que les tocó. Finalmente, Charlie Sloane se peleó con Moody Spurgeon MacPherson, porque éste dijo que Anne Shirley recitaba mal, y Moo­dy recibió unos buenos golpes. Consecuentemente, la hermana de Moody, Elba May, no le habló a Anne por el resto del invierno. Con excepción de estas pequeñas fricciones, el trabajo continuó con regularidad y suavidad en el pequeño reino de la señorita Stacy. Pasaron las semanas invernales. Era un invierno tan

cumplió su palabra. Cuando pasó una semana, Marilla dijo decididamente: —No hay nada que hacer, Anne. Es un tinte magnífico. Tienes que cortarte el cabello, no hay otra solución. No puedes salir así. Los labios de Anne temblaron, pero comprendió la amarga verdad de las observaciones de Marilla. Con un desmayado suspiro fue en busca de las tijeras. —Por favor, Marilla, córtelo de una vez y terminemos. Oh, siento que mi corazón se hace pedazos. �Es una aflicción tan poco romántica! Las jóvenes

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